Affichage des articles dont le libellé est Ozu. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est Ozu. Afficher tous les articles

samedi 2 mars 2013

La mano azul VII


Le jour de l'inauguration à Madrid de mon exposition La música callada del cantaor a eu lieu la projection du film La mano azul, projection suivie d'un débat. Parmi les participants à ce débat était présente Gloria Camarero, professeur d'histoire du cinéma à l'université Carlos III de Madrid et spécialiste des rapport entre cinéma et arts plastiques. Enthousiasmée par l'exposition et le documentaire Gloria Camarero m'a envoyé ce texte sur La mano azul:


LA OBRA QUE SE ESTÁ HACIENDO


Mathieu Sodore está lejos del mito romántico del artista incomprendido. En la mano azul se enfrenta a
la creación con oficio, de modo cotidiano y con naturalidad suma, al margem de secretismos y
obsesiones. En "real" y, a lo largo del filme, le preocupan aspectos reales, como la expresividad que
deben tener las figuras de los cuadros de la serie que está haciendo y que al prescindir de los ojos
porque carecen de la parte superior del rostro, debe concretarse en la boca y en el cuello. Todo un reto.
Para ello, se fija en las caras de las personas anónimas que encuentra en el transbordador de su ciudad o en los retratos de los cantaores que guarda en su ordenador.


Se queda con el gesto, fuera de las apariencias, con los seres en su esencia y en su estado, como Velázquez. Sabe y expresa que: A menudo el cantaor canta con los ojos cerrados. Es en torno a la boca donde se concentran la energía y la expresión. También se plantea: ¿Qué es un rostro?. ¿Por qué no existen dos iguales? ¿Por qué convertirlo en retrato?.
Son estas las reflexiones que materializa en las obras que va pintando en el tiempo de la película. Las vemos desde su inicio, con el cuadriculado del soporte, hasta su final, que llega cuando estampa su firma en ellas.

Durante una buena parte del relato fílmico, Sodore permanece en el interior de su estudio lisboeta. Lo prepara todo con minuciosidad. Nada queda al azar y la creación trascurre al margen de cualquier clímax. La cámara permanece fija. Con frecuencia, enfoca el cuadro que está en el caballete y el contrapunto es la mirada del pintor porque el objetivo aquí es mostrar la subjetividad del artista y el acto de creación más que la obra en sí.

Otras veces, se insertan planos detalles de su mano izquierda de zurdo con el pincel deslizándose por la tela y por el mismo motivo de aludir a la creatividad y vincularla a su dominio técnico manual.

Pero, no se limita a pintar en el filme. "Reinventa" y su voz en off recoge sus pensamientos sobre la pintura.


Ante nuestra mirada trascurre todo cuando le interesa y cuanto ama: Las opiniones de algún compañero; la visita al Museo Nacional de Arte Antiguo para «saludar» una vez más al San Jerónimo de Durero; las charlas en la taberna con los amigos de siempre, la excursión a la mina abandonada de Sao Domingos en el Sur del Alentejo y, muy especialmente, las conversaciones y los silencios con su hijo de entonces seis años.


Son "retazos de vida", que humanizan al artista y le alejan del "mito". La mano azul carece del carácter de performance que impera en El misterio Picasso y de la lejanía con la cual la cámara de Víctor Erice observa el processo creativo de su protagonista. 


Peleato huye en este caso del dominio absoluto de la puesta en escena gratuita y entra de lleno en la pintura de Mathieu Sodore. Acerca su objetivo con descaro al pincel que recorre la tela y que deja tras de sí una pintura, a veces, todavía húmeda. Filma «la obra que se está haciendo» y ahí radica uno de sus méritos. Se adapta a los impulsos creativos del artista y, con ese objetivo, capta la velocidad o la lentitud del trazo y de la mancha, según se produzcan en cada momento. Rechaza, muchas veces, los sonidos al margen de ello y las vistas del entorno, evitando la Lisboa de postal turística. Prescinde de todo lo anecdótico y superficial para centrarse en el acto creador y enseñarnos, a través de sus tomas, que la pintura es además sonido y textura. Lo hace con sencillez, precisión y objetividad, sin tópicos, y con unas imágenes de belleza indiscutible y luces inciertas, que terminan por desvelar el significado del título de su trabajo: el azul anida en el corazón de Mathieu. Pintor y director han derrochado valentía y generosidad. Aquel por abrir la puerta a la intimidad de su creación, éste por haber sido capaz de traspasar dicha puerta con respeto, sin transmutar nada, para mirar y presentar la gestación de la obra de arte desde el silencio.

Me quedo con la frase citada, que dice Setsuko a Mariko en el filme de Yasujiro Ozu, Las hermanas Munakata (1950): "La auténtica novedad, es lo que no envejece, a pesar del tiempo". Tal afirmación resulta válida para la mano azul.
Tengo la seguridad de que la frescura que irradia y sus cualidades indiscutibles la mantendrán siempre "joven", siempre "nueva" y siempre inmune a la caída de las hojas del calendario.


                                                                            Gloria Camarero Gómez
                                                                            Université Carlos III de Madrid 




Nb; les images qui accompagnent le texte sont des photogrammes de La mano azul 

dimanche 10 février 2013

La mano azul IV


Le film La mano azul a suscité plusieurs commentaires, en voici quelques uns. Les visiteurs de ce blog n'étant pas tous francophones les textes qui suivent sont en français pour certains mais aussi en espagnol et en portugais.



Si alguien pensaba que ya todo estaba dicho en el cine a propósito del flamenco, debería ver La mano azul. Elegantemente filmada, la película toca en realidad diversos palos para convertirse a la postre en su apasionada - y apasionante - indagación sobre los misterios de la creación artística. Peleato rehúye caprichosas derivas para aplicar toda su sensibilidad a la poliédrica tarea de retratar a un atípico creador que, como el propio cineasta, se interroga por el significado del arte.”

Alberto ELENA
Historien du cinéma et professeur à l'université Carlos III de Madrid



Más que un documental, La mano azul es un film-ensayo. Mathieu Sodore es un pintor de rostros. Los busca por donde va, preguntándose cómo lograr expresarlos en un cuadro cuando cada rostro es único e irrepetible. Su arte exige la paciencia de quien practica el tiro con arco: tensión y precisión. (…) El gusto por la pintura de Sodore, se mezcla con el gusto por el cine de Peleato. Por esa distancia “seca” con sus personajes al estilo de Bresson. Por esa sencillez y color al estilo de Ozu. El pensamiento de Sodore sobre la pintura es más que la mera reflexión de un autor sobre un arte que no es moderno, pero que es actual. Es también la reflexión del cineasta por las artes contemplativas. La mano azul es una película contemplativa, como lo es su protagonista, en un momento de la historia donde se le pide al arte interacción y exploración más que contemplación. ¿Esto quiere decir que se trata de una película anacrónica? (…)Peleato con su ensayo piensa haciendo cine, con los medios del cine, con lo poético de sus junturas. El cine de contemplación no ha muerto, porque nos pone, a través de los otros, en contacto con lo más íntimo, con nuestro espíritu. La mano azul, más que mostrarnos el trabajo de Sodore, nos enfrenta a nosotros mismos como el practicante ante el tiro con arco. Peleato, hace zen del cine.

Gabriel ALBA G.
Directeur de l'école de cinéma et télévision
Université Nationale de Colombie


La Mano azul es, además de una hermosa película, un secreto escondido entre los pliegues de la memoria. Cada espectador deberá descubrirlo a través de su propio viaje interior y de su particular mirada. Así es como el pintor Mathieu Sodore y el realizador Floreal Peleato, tal vez sin proponérselo, han ido rescatando algunas voces ocultas tras el silencio de aquello que, en su momento, no se pudo expresar. Además de la belleza que en sí misma encierra esta historia, nos encontramos ante un cruce de culturas que vienen a enriquecerla notablemente. El mutuo respeto entre artista y director en la realización de un trabajo paralelo, en el que los silencios adquieren una dimensión especial, se convierte en una pieza clave que hace posible el hallazgo final.”

Lola MILLÁS
Ecrivain
Ex directrice de la cinémathèque du ministère des affaires étrangères espagnol
AECID (agence espagnole de coopération internationale et dévellopement)



« Superbe film que celui de Floreal Peleato, à la fois biographie de peintre et documentaire. En effet dans La Mano Azul, le réalisateur porte à la fois un regard attentif, respectueux et très précis sur l’œuvre du peintre Mathieu Sodore, devenu son ami. Un regard soucieux de réaliser un véritable défi : être au plus près de la création, sans déranger l’artiste et sans que son film devienne une « leçon de pein­ture »… Il s’agit de rendre un véritable hommage au peintre, en le suivant au quoti­dien dans ses inspirations, ses rencontres, ses voyages, ses choix de vie, tout autant que dans cet atelier, lieu magique où l’œuvre prend forme. (...) Vélasquez disait qu’il peignait les gens « dans leur essence et dans leur état » et à l’instar du maître, Mathieu Sodore, tente de toucher au plus près cette expérience de vie et d’émotions qu’est le cante Flamenco. »
Patricia-Laure THIVAT
Chercheur au CNRS-ARIAS
 Directrice des dossiers "Peinture et cinéma"
et "Peintres et cinéastes" de la revue Ligeia, Dossier sur l’art
Coordonnatrice de l'ouvrage "Biographies de peintres à l'écran" (PUR, 2011)



"Una tela blanca es a la vez un conjunto de hilos y bastidores-una materialidad pura y básica- y una superficie cuyo vacío evoca las mil posibles presencias que podrían venir a poblarla. Ajustando con precisión la distancia para captar el conjunto o el detalle; el movimiento o el gesto; la línea o el rostro vivo que aparece al final como si siempre hubiese existido, la cámara de La mano azul comparte su asombro respetuoso ante el proceso de creación, desde el concepto, el modelo, y cada paso de la ejecución de una obra de arte. Mathieu Sodore inmoviliza el movimiento, captura la voz en el silencio de una imagen para su serie sobre "La música callada del cantaor", y, al acompañarlo tan discretamente, Peleato transmite y provoca a su vez la fascinación hipnótica ante un trabajo- en sus múltiples sentidos, desde un cuadro hasta el oficio del pintor- que reposa en el equilibrio justo entre técnica e inspiración."
                                                                                                                    Pamela BIÉNZOBAS
                                                                                                Critique de cinéma (revue Mabuse,
                                                                                correspondante à Paris de la presse chilienne) 



« Quelle est cette main bleue que Floreal Peleato cherche à fixer en brossant le portrait du peintre Mathieu Sodore ? Est-ce la main tordue, martyrisée, que l’ancien toréador devenu peintre a failli perdre en tentant d’approcher de trop près la furie du taureau ? Ou est-ce la main honteuse, celle qui doit rester dans l’ombre et qui pourtant, face à la toile, se fait l’instrument le plus sûr, le plus précis, le plus vivant de l’artiste ?
(...) Dans l’exercice du portrait, le cinéaste et le peintre semblent unis par une authentique fraternité : même respect pour la ligne, même recherche exigeante de la couleur, même attention appliquée portée aux nuances fuyantes qu’offre la lumière. C’est un travail solitaire et silencieux qui s’opère derrière la porte bleue de l’atelier, une retraite que Floreal Peleato peuple de microscopiques événements sonores, de chants de rues, d’éclats de voix, de lointaines présences enfantines. Le réalisateur a préféré délaisser l’entretien classique pour instaurer une relation sans médiateur entre la voix off du peintre et le spectateur. Le discours mondain sur l’art et la mort de la peinture est, ici, terrassé, mis à mort par la simplicité du rapport que Mathieu Sodore entretient à son art. »

Laetitia MIKLES
Réalisatrice de documentaires
  Collaboratrice de la revue Positif


O silêncio inaugural de La mano azul , quebrado apenas pelo ruído do grafite deslizando sobre a tela, dá a mote a este documentário e permite ao espectador o recohilmento necesario para partilhar a “música silenciosa” de Mathieu Sodore. Este silêncio ê esencial para entendermos o desafio a que o artista plástico se propoe nesta série de retratos de cantaores de flamenco. Como retratar a força, profundidade e dramatismo do cante e a melancolia da soledad numa pintura? Ao longo do filme assinado pelo realizador Floreal Peleato, o espectador vai acompañando o trabalho do “artesão” – no sentido figurado daquele que metódica e pormenorizadamente vai conseguindo avanzando numa difícil tarefa – e entrando simultaneamente no universo pessoal de Sodore. Tal como un “voyeur” que espreita por cima do ombro do artista, escutamos revelações, segredos, partilhamos momentos de intimidade, vistamos lugares e espaços que lhe sao caros. Sentados “a pendura” na sua motorizada, percorremos com ele as ruas da cidade branca e descobrimos toda a dimensão da frase que ele nos susurra ao ouvido: “D’abord c’est l’oeil qui pense puis la main voit ce que l’oeil ne voit pas.”

Sandra SILVA
  Directrice des éditions 101 noites


« En la calle de la sangre
lloran gotitas de pena
los pinceles de Juan Grande »

Souvent - toujours ? - la copla, en quelques mots ,
décoche
et touche au but.
De même , de l'irrigation dans la volonté de ne pas nous montrer mais de raconter les visages dans le coeur d'un peu d'eau, l’œuvre de floréal peleato colporte cette envie de donner soif et à boire.
Tout à coup et pendant une heure, nous sommes d'une même « main bleue » ocre qui caresse ou tue les limbes veinées de terre ramenées du ventre de gaïa.
Alors, bien que nous ne soyons pas du même sang que le peintre , sa rue et ses pinceaux , nous comprenons, quand défilent les images , résonnent les bruits ( le travail sur le son est remarquable ) d'un pressoir de nuit - la pellicule - , les fruits de cette contemplation.
Comme pour la copla.

                                                                                                                         Ludovic Pautier
                                                                                                                         Poète, flamenco

                                                                                                                                       


Nb; les images qui accompagnent les textes sont des photogrammes de La mano azul

dimanche 3 février 2013

La mano azul II





Pendant le tournage de La mano azul j'ai rédigé de courts textes à partir de notes d'atelier, certaines très anciennes. Ces fragments lus accompagnent en voix off certaines séquences du film. En voici quelques extraits:



Aujourd’hui je me rends compte que la peinture est pour moi une sorte de tir à l’arc très lent. Je ne dois pas chercher, je dois attendre de trouver l’état qui me permet de passer du plaisir du dessin au bonheur de peindre. D’abord c’est l’oeil qui pense, après la main voit ce que l’oeil ne voit pas. Et puis le pinceau commence sa danse sur la toile.


Souvent le cantaor chante les yeux fermés. C’est autour de la bouche que se concentre l’énergie et l’expression. Tantôt la pose hiératique donne à voir le silence, tantôt le déséquilibre du visage nous fait partager le cri. Peindre cela c’est épouver la tristesse de la soleá, le tragique d’une minera, mais aussi l’excitation enflammée de la bulería ou la légèrete joviale d’un cante por alegrías. La música callada del cantaor, la musique silencieuse du chanteur, c’est bien ce que je veux transmettre. Pour chaque palo flamenco, il me faut trouver son rythme et sa couleur.


Au début des années quatre-vingt j’alternais la peinture avec la tauromachie. Près de Salamanque, je n’ai pas su anticiper la charge du taureau par manque de concentration. J’ai le souvenir de ma main écrasée contre le palo de la muleta, le souvenir d’un choc violent, d’une sensation de brûlure. Plusieurs fois j’ai mis ma main gauche en danger, toréer de la main gauche c’est beau mais... Cette main maladroite pour beaucoup m’est essentielle. Et pour toréer, pour écrire, pour tirer à l’arc, pour dessiner elle m’a distingué des autres sans le vouloir. En 1994, à Saint-Sever a eu lieu mon dernier face-à-face avec un taureau. Depuis je me consacre à la peinture, seulement à la peinture.


A la mère d’un apprenti qui lui demande d’apprendre à son fils l’art du peintre, Vélasquez précise dans le contrat d’embauche qu’il lui enseignera l’art de la peinture. Ce n’est pas qu’une simple nuance. Oui, il faut viser l’art de la peinture sans renoncer à l’art du peintre.


Ma fascination pour Dürer remonte à l’époque où je m’essayais au burin aux Beaux-Arts de Bordeaux. Je peinais pour parvenir à creuser un sillon dans le cuivre.
Depuis des années je viens régulièrement « saluer » son Saint Jérôme. Je le contemple longuement. J’aime sa rudesse et ses mains qui font penser à celles d’un travailleur. Dans l’un des dessins préparatoires du tableau les traits sont semblables, à une différence près : le saint a les yeux fermés. Les rouges du manteau, entre carmin, garance, vermillon et cadmium, la subtilité des glacis, le rapport de ces rouges avec les verts du fond révèlent un Dürer plus coloriste que dessinateur.



Quelques années plus tôt il a écrit à propos d’un autre tableau: «Il est de belles et bonnes couleurs, il m’a valu beaucoup de louanges. J’ai fait taire les peintres, ils disaient que j’étais bon pour la gravure mais que je n’avais aucun usage des couleurs».
Semblable confession me touche d’autant plus que ma recherche de la couleur a été pendant longtemps une lutte destinée à contrarier mon tempérament de « peintre-graveur ».



Je ne fais pas partie de ceux qui, passéistes et peu curieux, ne jurent que par l’huile de lin et la térébenthine. Nombre d’artistes qui travaillent la vidéo, l’installation ou la photographie possèdent à mes yeux une œuvre d’une grande force : Bill Viola, Boltanski, Helena Almeida, Kabakov, Andrés Serrano, Kapoor, Cindy Sherman, Gormley ou Bruce Nauman.


En ce qui concerne la peinture j'ai la conviction qu'en dépit de son ancienneté, ou grâce à elle, elle est parfaitement "contemporaine".
Je renvoie ceux qui méprisent couleurs et matières à la dernière séquence du film d'Ozu Les soeurs Munakata; elle nous montre Setsuko déclarant à Mariko sa soeur cadette: "La vraie nouveauté, c'est ce qui ne vieillit pas, malgré le temps".
Ce qui m'importe c'est de me sentir remué, troublé à la vue d'une exposition. C'est parfois le cas: Schnabel au Retiro à Madrid, la salle Rothko à la Tate modern de Londres, Barceló au Macba de Barcelone, Bacon au musée Serralves de Porto, les dessins de Chillida à Leku ou les Tápies récents au monastère de Silos sont des exemples d'expériences qui me donnent simultanément l'envie d'arrêter de peindre et de foncer à l'atelier me saisir des pinceaux.


La série La Música callada del cantaor avance. J’ai renoncé à trois tableaux, trois autres apparaissent. Je me détache peu à peu des dessins prévus. Le trait s’affirme, la gamme de couleurs s’élargit petit à petit. Le bleu que j’ai imaginé pour les fonds m’a déçu et pourtant ma main encore rouge et ocre bientôt peut-être deviendra bleue.


C’est en allant au festival de flamenco de La Unión, près de Murcia, il y a à peu près vingt ans que j’ai découvert les mines voisines. Tout de suite j’ai eu la conviction d’être dans un lieu qui me serait cher sans trop savoir pourquoi. Un peu plus tard l’immense cratère des mines de Río Tinto, dans la région de Huelva, m’a impressionné. Depuis mon arrivée au Portugal un ami m’a conduit jusqu’à la mine abandonnée de Sao Domingos dans le Sud de l’Alentejo. Qu’est-ce qui m’attire dans ces lieux désertés ? Je me sens bien, étrangement bien, dans ces paysages blessés par la main de l’homme que beaucoup trouvent hostiles.


Mon professeur d’arts plastiques au lycée me conseille de faire des autoportraits. Pendant des mois je suis fidèle au même sujet, à la même technique, à la même pose, au même cadrage, à la même composition sur fond de tee-shirt bleu délavé. Et pourtant quelles différences dans mon visage. Bien plus tard j’ai compris que ce n’était pas mon visage qui avait changé mais mon regard et ma main. La série était maladroite, je l’ai détruite... et pendant longtemps je n’ai plus peint d’autoportraits. Depuis la couleur bleu a disparu ou presque de ma palette. C’est d’autant plus étrange que c’est ma couleur préférée, mais quand j’essaie de l’utiliser quelque chose m’échappe ou me résiste. Moi qui aurait tant aimé toréer avec une chaquetilla purísima y oro, bleue et or.


La poésie vient de la lumière mais aussi et peut-être surtout de l’ombre. Le drame vient de la ligne et de la couleur. Je sens bien que me guident le trait et les tons. C’est comme s’ils venaient de moi et cherchaient à s’exprimer entre le clair et l’obscur. Je garde du tir à l’arc le goût de la ligne : verticalité du tireur, horizontalité de la flèche. Concentration, tension puis détente. J’ai éprouvé la même chose en toréant. De la tauromachie à la peinture il y a loin et pourtant pour moi il s’agit toujours d’une recherche de contrastes et d’intensité.





Nb; les images qui accompagnent les textes sont des photogrammes de La mano azul